CONSTRUCCIÓN DE CIUDADANÍA A PARTIR DEL RELATO DE JÓVENES PARTICIPANTES DEL #YOSOY132: BIOGRAFÍA, GENERACIÓN Y PARTICIPACIÓN POLÍTICA

 

 

Maricela Portillo[1]

 

 

Resumen:

En este trabajo se presentan los resultados del análisis del relato de jóvenes que participaron en el surgimiento del #YoSoy132. De manera puntual analizamos el uso que hicieron de las redes sociales con relación al acceso a la información, formas de organización y visibilización en el espacio público. Analizaremos entonces la participación política juvenil a partir de la biografía y la generación para tratar de comprender lo que está en juego en términos de la construcción de ciudadanía en el largo plazo a partir del repertorio de acciones colectivas en el que se vieron envueltos los jóvenes participantes del #YoSoy132 durante el 2012.

 

Palabras clave: biografía, generación, participación política, construcción de ciudadanía, tecnología

 

 

Abstract:

In this paper the results of the analysis of the story of young people who participated in the rise of # YoSoy132 are presented. Specifically we analyze the use of social networks made ​​regarding access to information, forms of organization and visibility in the public space . Then we discuss youth political participation from the biography and the generation to try to understand what is at stake in terms of the construction of citizenship in the long run from the repertoire of collective action in which the young participants were involved the #YoSoy132 in 2012 .

 

Keywords: biography, generation, politicpal participation, construction of citizenship, technology

 

 


 


Introducción

     En este artículo se presentan parte de los resultados de un proyecto de investigación más amplio[2], que tiene como objetivo general analizar las mediaciones tecno-comunicativas presentes en la acción colectiva en dos movilizaciones recientes que han tenido lugar en México (2012) y Chile (2011). Se muestran solamente los resultados concernientes al caso mexicano, para tratar de entender las formas que toma la acción colectiva a partir del uso que los sujetos jóvenes que participaron en el surgimiento del #YoSoy132 hicieron de las redes sociales, en particular, y la Web 2.0, en general, en relación a su acceso a la información, formas de organización y visibilización en el espacio público. El análisis se centra en los relatos de los jóvenes, lo cual permite indagar en tres ejes fundamentales: la biografía, la generación y participación política.

 

Antecedentes

 

     El 11 de mayo de 2012 el entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, visita la Universidad Iberoamericana como parte de un foro promovido por la propia institución que tenía como objetivo promover la participación política entre la comunidad universitaria en el contexto de un proceso electoral[3]. Este acontecimiento -la visita de un candidato presidencial a una universidad privada- provocó entre los estudiantes una reacción inesperada que derivó en el abucheo al candidato presidencial al final del acto. Ampliamente documentado en la hemerografía está lo que pasó después: asesores del candidato denostaron e intentaron minimizar la reacción estudiantil provocando el enojo entre los alumnos. La forma en que los estudiantes respondieron el fin de semana siguiente se dio a través de la producción del famoso video “131 estudiantes de la Ibero responden”[4] y su consecuente viralización una vez subido a Youtube, hecho que derivó en un apoyo estudiantil y social que culminó en la formulación del hashtag que dio nombre al movimiento: #YoSoy132.

 

     El análisis se centra en los relatos que integrantes de este movimiento elaboran a partir del recuerdo de las acciones en que se vieron involucrados a partir del 11-M. Interesa, para los propósitos del presente trabajo, recuperar a través de la dimensión subjetiva plasmada en los relatos de ciertos actores que protagonizaron las movilizaciones del #YoSoy132 durante la segunda mitad del 2012 en México, la dimensión simbólica que otorgan al repertorio de acciones colectivas que desplegaron en los meses posteriores a aquel once de mayo y que rebasó los confines del campus universitario para instalarse, primero, en el escenario nacional y, luego, insertarse en el ciclo de movilizaciones globales que han tenido lugar en distintos lugares del mundo y que han sido protagonizados también por jóvenes. Se asume como punto de partida, que es en las propias subjetividades juveniles que se dibujan las peculiaridades generacionales latinoamericanas (Portillo, M., Urteaga, M., González, Y., Aguilera, O. y Feixa, C., 2012). En este artículo se analizan las formas de participación política que ocurren como producto de la biografía y acontecimientos generacionales que permiten atisbar la construcción de ciudadanía de los jóvenes mexicanos que protagonizaron la llamada Primavera Mexicana[5].

 

Marco teórico

 

                 “¿Y por qué vamos a protestar? Porque somos jóvenes, porque podemos y porque es divertido” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

                  

     Numerosas publicaciones dan cuenta del interés que el surgimiento del #YoSoy132 ha provocado entre investigadores que estudian asuntos relacionados con los nuevos movimientos sociales. Es posible identificar en la literatura tres tipos de trabajos: los que se ubican en la intersección tecnología, comunicación y acción colectiva; los que lo han estudiado desde la perspectiva de las emociones, afectividades y movimientos sociales y los que lo han abordado desde los procesos democratizadores más amplios que están teniendo lugar en nuestro país.

 

     En cuanto al primer tipo, destacan los trabajos de Toret (2013), quien ha desarrollado la categoría tecnopolítica para designar la “capacidad colectiva de utilización de la red para inventar formas de acción que pueden darse o partir en la red pero que no acaban en ella” (Toret, 2013, p. 21). Resulta particularmente útil esta noción, dado que la evidencia empírica muestra que efectivamente las movilizaciones que han ocurrido desde 2011 en distintas latitudes no se restringen a un ciberactivismo, sino que han desplegado una serie de acciones on/off line, como es el caso que en este artículo se analiza. Por su parte, Rovira (2013, 2014) ha venido estudiando los movimientos sociales y comunicación en red. La noción de redes de activistas (Rovira, 2012), cercana a la concepción de movimiento en red de Castells (2012) plantea la posibilidad de pensar los marcos de la acción colectiva contemporánea constituida, no sólo por las posibilidades de acceso o apropiación tecnológica de ciertos sectores sociales, sino sobre todo por la capacidad organizativa de sujetos que confluyen en ciertos espacios virtuales (la Web 2.0) y físicos, la calle. Los espacios se desbordan y aparecen no contrapuestos, sino complementarios. Por otro lado, Treré (2013) aborda, desde una perspectiva crítica, la apropiación de las redes digitales para discutir su papel en estos nuevos movimientos sociales. El autor se aleja de los tecnodeterminismos y señala que el papel de las redes sociales debe ubicarse “dentro de procesos a través de los cuales los jóvenes mexicanos retoman su agencia y refuerzan sus lazos identitarios colectivos, confrontándose en asambleas, reuniones, talleres y tejiendo redes con otros actores sociales y políticos” (Treré, 2013, p.118). Estos movimientos globales, de los cuales forma parte el #YoSoy132, así lo han mostrado. En ese sentido, hay trabajos que vinculan las redes sociales, el activismo en línea e imaginario político (Rivera, 2014) o el arte, fiesta, carnaval y política en las nuevas formas de acción política (Salazar, 2014).

 

     En relación al segundo grupo de trabajos, están las investigaciones que enfatizan el papel de las emociones en los movimientos sociales. Jasper (2012), entre otros muchos autores, señala que las emociones están presentes en todas las etapas de la protesta. Aquí se ubican los trabajos en México que establecen esta conexión, como es el caso de Fernández Poncela (2013, 2013b) que analiza el papel de las emociones en la acción colectiva. Esta autora señala que se concatenan “emociones, comunicación y política, o lo que es lo mismo, indignación, redes sociales y votos” (Fernández Poncela, 2013b, p. 179). Por su parte, Cabrera Amador (2014) relaciona, en su análisis, las emociones y la afectividad; de manera puntual, se centra en la amistad y la necesidad de analizar estos nuevos movimientos sociales más allá del ejercicio racional de acción colectiva. En esta línea se enmarca el trabajo de Galindo y González Acosta (2013), quienes conceptualizan al #YoSoy132 como un movimiento estético. Los autores no problematizan esta conceptualización ni la discuten con la literatura existente sobre los movimientos sociales. Su análisis describe sujetos despolitizados, reducidos a una cierta adscripción identitaria basada en estilos de vida líquidos, siguiendo a Bauman (2009). En sus conclusiones sostienen que el movimiento se desarrolló en un marco de previsibilidad posterior al estallido poderoso, lo cual hizo que se diluyera en el contexto de la coyuntura. No obstante ello, no desaparece su matriz estética que, de acuerdo a los autores, podría volver a hacer posible otra erupción en el futuro. El #YoSoy132 permite, siguiendo este orden de ideas, vislumbrar estas novedosas formas que tomarán los movimientos sociales del milenio en México. Ahí coincidimos, en el sentido de que movimientos como éste dan cuenta de profundos cambios que se están dando en términos de participación política.

 

     Finalmente, se identifican trabajos que han estudiado el #YoSoy132 en el contexto de los procesos democratizadores que están teniendo lugar en nuestro país. Ahí está ubicado el trabajo de Gómez y Treré (2013), quienes realizan un análisis desde la perspectiva de la Economía Política para caracterizar la concentración del sistema de medios en México, que aparece como una demanda central en este movimiento. Describen, de manera puntual, las posibilidades que los medios sociales ofrecieron a los jóvenes mexicanos para entender el papel que jugaron en este movimiento. En esta misma línea, Olmeda y Armesto (2013) ubican la emergencia de esta movilización en el contexto político de México en 2012 con el posible advenimiento del PRI. Por su parte, Candón (2013) compara el vínculo medios de comunicación y democracia en los movimientos sociales recientes en México y España.

 

     El presente trabajo comparte la preocupación por entender las nuevas formas que adoptan los movimientos sociales del milenio a propósito de las nuevas herramientas y plataformas tecnológicas usadas por los sujetos que participan políticamente y que impactan sus formas de organización y comunicación. En un trabajo anterior se expuso el análisis de las formas que toma la acción colectiva a partir del uso que los sujetos jóvenes que participaron en el surgimiento del #YoSoy132 hicieron de las redes sociales, en particular, y la Web 2.0, en general, en relación a su acceso a la información, formas de organización y visibilización en el espacio público (Portillo, 2014). Ahí se subraya la importancia de darle seguimiento a las formas de construcción de ciudadanía que se están gestando en estos movimientos. Por ello, en el presente trabajo se incorporan al análisis las nociones de biografía política y generación en relación a las formas de participación política de los sujetos jóvenes que protagonizaron estas movilizaciones en 2012.

 

     La biografía política permite distinguir algunas etapas de socialización política en las historias de los sujetos, entendida ésta como:

 

El proceso que se inicia en la niñez pero que se desarrolla a lo largo de toda la vida, mediante el cual el individuo aprende las normas culturales, los valores fundamentales, los códigos simbólicos del grupo al que pertenece y le da forma, los estructura para construir así su propio sistema de representaciones e imágenes de lo social que constituirán el componente básico de su identidad social y uno de los determinantes fundamentales de sus pautas de comportamiento (Benedicto y Morán, 1995, p. 230).

 

Se comparte con estos autores la idea de que “lo político no constituye un orden de fenómenos que aparece de pronto en un momento determinado de la biografía, sino que siempre está presente en la vida del individuo” (Benedicto y Morán, 1995, p. 231). Interesa ubicar estas biografías en relación a una cierta caracterización generacional. La generación es una categoría de análisis que permite situar a los jóvenes en su contexto espacio temporal e identificar las formas en que se relacionan con los adultos (generación que les antecede), con los grandes temas (agenda pública) y con los acontecimientos que los marcan generacionalmente. Constituyen una generación a partir de ciertos elementos que les son comunes, pero ese sentido de pertenencia, no los hace ser iguales. Las diferencias vienen marcadas por otros elementos estructurales (por ejemplo la clase social o el nivel educativo). Comparten además de la coetaneidad, la contemporaneidad. Pero sus respuestas o formas de ver el mundo y actuar, varían de acuerdo a la posición que guardan en el espacio social:

 

(...) las fechas que enmarcan el nacimiento y fin de una generación deben asumirse únicamente como marcos referenciales y no en sentido estricto, debiéndose tomar en cuenta que una generación está marcada por los hechos históricos, políticos, mediáticos, culturales, tecnológicos, que perfilan la memoria, los gustos, las prácticas de los que son jóvenes en ese periodo y que les permiten construir una identidad generacional a partir del reconocimiento e identificación de esas vivencias compartidas (Portillo, et, al., 2012, p. 169).

 

Se analizará la participación política de los jóvenes protagonistas del #YoSoy132 a la luz del momento fundante y el repertorio de acciones colectivas que de ahí se derivaron en 2012. La noción de participación política hace referencia en primer lugar a “la relación entre gobierno y gobernados/ciudadanos que hace posible la construcción y el funcionamiento de la democracia” (Corduneanu, 2012, p. 82). En este mismo sentido, Norris (2001) distingue entre la participación política convencional y la no convencional. La primera nombraría las formas tradicionales de participación, entre las que destaca el voto, y la segunda a las movilizaciones y protestas que transitan al margen del sistema político tradicional y que tienen a los jóvenes como grandes protagonistas en los últimos veinte años en todo el mundo. Si bien esta noción resulta útil para una primera diferenciación en torno a los tipos de prácticas que se enmarcan institucionalmente o no en un sistema de relaciones, el análisis que aquí presentamos se ubica en la perspectiva sociocultural que permite entender a partir de la subjetividad y los contextos culturales de los actores sociales, la expresividad de estas prácticas que se despliegan en los también llamados por algunos autores como los novísimos movimientos sociales (Feixa, C., Saura, J. R. y Costa, C., 2002). Lo que está en juego en términos de participación política, y que puede ser observado en estos movimientos globales, no son solamente las nuevas formas o prácticas mediadas tecnocomunicativamente, sino el desafío de unos nuevos modos de comprensión.

 

Método

 

     Se trabajó con una aproximación cualitativa, dado que ésta permite adentrarse en la dimensión subjetiva de los sujetos (Orozco y González, 2011). Resulta útil además porque permite desplegar un procedimiento inductivo para recuperar a partir de la narración de los sujetos, el significado de las acciones que despliegan. La elección del método está dada también por la forma en que se asume una posición de investigadores como un sujeto en proceso (Ibáñez, 2000). Se utilizó una perspectiva emic orientada a “la comprensión e interpretación cualitativa de la significación de los discursos sociales” (Ortí, 1989, p. 90).

 

     Así pues, se realizaron un total de 15 entrevistas en profundidad a sujetos que participaron en el colectivo Masde131, estudiantes de la Universidad Iberoamericana y que formaron parte del #YoSoy132. La selección de los informantes estuvo determinada por los objetivos de investigación del proyecto más amplio en el que se inscribe este estudio, que intentó dar cuenta de las mediaciones tecnocomunicativas presentes en la acción colectiva juvenil contemporánea. Se decidió estudiar sólo un grupo de jóvenes, más homogéneo en su  conformación, para darle seguimiento al repertorio de acciones en que estuvieron invoclucrados y a las formas en que se articularon al movimiento que, como sabemos, tuvo una repercusión muy amplia en muchas universidades del país. Masde131 conformó un colectivo que, incluso a la fecha, sigue funcionando como tal, con proyectos propios y en el cual siguen involucrados varios jóvenes que se conocieron hace tres años. En particular interesaba explorar este grupo de jóvenes, dada la importancia que tuvo en el surgimiento del movimiento y al que se ha dado seguimiento en los últimos años, a través de una incursión etnográfica de largo aliento[6], para identificar en una segunda fase de la investigación, las formas en que se va construyendo la cultura política de estos jóvenes que tuvieron su primera experiencia de participación en el contexto de las movilizaciones del #YoSoy132 desde el Masde131. Así pues, el criterio de selección de los informantes operó de la siguiente manera: que fueran estudiantes de la Universidad Iberoamericana, hubieran participado del movimiento y se hubieran visto involucrados en las acciones desplegadas durante todo el 2012. El cuestionario que se utilizó exploró en las categorías de biografía, generación, participación política y mediaciones tecnocomunicativas (uso de la tecnología y redes sociales). Las entrevistas fueron realizadas durante los meses octubre-diciembre de 2013 y agosto- diciembre de 2014. Los informantes tenían entre 23 y 29 años al momento de llevarse a cabo el trabajo de campo, ocho hombres y siete mujeres; estudiantes de  las licenciaturas en Comunicación, Diseño Gráfico, Ciencias Políticas, Historia del Arte y Maestría en Letras Modernas de la Ibero.

 

     Se asume con Aguilera (2010) que “los jóvenes, mayoritariamente, comparten una crítica profunda a los modos de organización de la sociedad, a las tradicionales formas de participación en el campo de la sociedad civil, llámense partidos políticos, sindicatos, federaciones" (p. 94). Se retoma su hipótesis sobre la ruptura generacional que se da entre las culturas políticas tradicionales y las políticas de las culturas juveniles: “se trata por tanto de un cambio generacional en los modos de concebir y ejercer la política por parte de las actuales generaciones juveniles” (Aguilera, 2010, p. 94). Se retoman para el análisis las categorías de la participación política juvenil a partir de la biografía y la generación para tratar de comprender lo que está en juego en términos de la construcción de ciudadanía en el largo plazo a partir del repertorio de acciones colectivas en el que se vieron envueltos los jóvenes participantes del #YoSoy132 durante el 2012.

 

Resultados

Los resultados fueron estructurados en torno a cuatro grandes cateogorías: biografía, generación, mediaciones tecnocomunicativas y construcción de ciudadanía. En cuanto a la biografía, identificamos para el análisis: las posturas políticas familiares, el recuerdo político, lejanía con el sistema polític formal y el interés en la política. De la generación, desagregamos en términos analíticos: el acontecimiento que los marca generacionalmente y que nosotros ubicamos temporalmente en el 11 de mayo de 2012 (11-M) y la conexión generacional. En cuanto a las mediaciones tecnocomunicativas, se presentan los procesos de visibilización y la tecnología y el repertorio de acciones posteriores al 11-M. Finalmente, se incorpora la reflexión sobre el largo plazo en cuanto a la construcción de la ciudadanía en los relatos de los jóvenes participantes del #YoSoy132.

 

1) Biografía

 

Posturas políticas familiares

    

     Se identificó en la biografía de varios informantes, la influencia que la familia ha tenido en su postura política. Los relatos dejan ver, por un lado, el papel que la información, el consumo de ciertas publicaciones periódicas y un cierto interés en temas sociales tuvieron en su socialización política. De ahí que desde niños, muchos informantes reconocieron esta influencia en su interés y relación con problemas sociales de su país.

 

“Siempre en mi casa siempre había como muchos libros, llevaban 4 periódicos, revistas, o sea, leía mucho El País Semanal de chiquita, y Proceso me la quitaban por las imágenes, o sea, la veía mi papá y si estaba de acuerdo la podía ver; siempre leí mucho, mucha información” (Mujer, 23 años, estudiante de posgrado).

 

“Mis papás siempre han sido personas de izquierdas, (...) y pues desde niño leía PROCESO, leía periódicos (...) mi padre fue un activista estudiantil, antes del 68 y mi madre pues, vamos, estudió en una escuela, tradicionalmente de formación de cuadros en México, que se llamaba: El Freire, el Instituto Freire” (Hombre, 26 años, estudiante de comunicación).

 

     Por otro lado, también hay un reconocimiento a la formación “de izquierdas” que recibieron en su entorno familiar. Asociando esta postura con cierto activismo o participación partidista de parte de sus padres o de familiares cercanos.

 

“(...) mi papá trabajó en la delegación de Cuajimalpa durante tres años, del 2006 al 2009, por parte del PRD, o sea que cuando yo tenía 16 años me obligaron a apoyarlo. Y cuando fue el plantón de Reforma me obligaron a ir al plantón” (Mujer, 23 años, estudiante de comunicación).

 

“Mi formación o la educación que nos han dado a mi hermano y a mi  desde siempre ha sido un poco pues poniéndole una poquito una etiqueta como un poco de izquierda, una educación incluyente, un poco más abierta” (Mujer, 23 años, estudiante de comunicación).

 

“Igual y por la formación que me dieron mis padres, siempre me estuve preguntando qué es lo yo quisiera hacer” (Hombre, 23 años, estudiante de comunicación).

 

Recuerdo político

    

     Los recuerdos apuntan, en primer lugar a los políticos (presidentes y gobernantes), actos políticos (informes de gobierno) o debacles económicas; dada la amplia cobertura mediática que se les suele dar a estas figuras o acontecimientos. Es por ello que aparecen nombres de presidentes o el informe de gobierno que algunos logran recordar; así como el impacto de asesinatos políticos o crisis económicas ocurridas en 1994, permean sus relatos. Estos recuerdos dan cuenta de acontecimientos generacionales que han marcado la biografía de estos sujetos, nacidos en la década de los noventas.

 

“Recuerdo que el primer informe de gobierno de Carlos Salinas, uno de los informes de gobierno que tuvo, recuerdo que era, a mi me parecían aburridísimos, me parecía así la forma más aburrida de hacer cualquier cosa, de decir cualquier cosa, incluso les tenía como algo de rencor, porque decía “este día me lo dan de vacaciones en la escuela”, porque antes no, el día del informe de gobierno no había clases” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

“Yo estoy convencida que sí fueron fraudulentas las elecciones del 2006” (Mujer, 23 años, estudiante de posgrado).

 

      En segundo lugar, aparecen también recuerdos asociados a acontecimientos que tienen que ver con movilizaciones sociales ocurridas a finales del siglo XX y comienzos del XXI. Estos acontecimientos irrumpen como referencias obligadas para dar cuenta del descontento social y la lucha de los pueblos originarios y comunidades indígenas en México.

 

“Sí, fue Acteal, estaba bien chiquita, y llegó el periódico, y lo leía. Aprendí a leer muy chiquita y pero muy poquitas cosas, y yo le pregunté a mi mamá que qué era esa foto, La Jornada sacaba muy buenas fotos, y eran varios periódicos, y mi papá era columnista, entonces si llegaba a mi, lo leía. Entonces fue muy impactante, me afectó muchísimo y cambió mucho mi forma de entender muchas cosas, y empecé a entender un poco del Zapatismo y en 131 son muy fans del zapatismo y yo no tanto, que es muy chistoso porque fue mi primer recuerdo. Yo estoy de acuerdo con muchas cosas, con otras no, pero se me hace chistoso que regresó a mi” (Mujer, 23 años, estudiante de posgrado).

 

“La represión en Atenco también nos dejó, pues yo vivo cerca de Atenco, entonces pues también el clima que se vivió ese día, si bien no pude llegar porque cerraron todo, fue importante eso y también la marcha del color de la tierra. Mi papá me llevaba de chico a las marchas del 2 de octubre, la marcha de los 30 años del 2 de octubre, la marcha de los 40 años del 2 de octubre, que fue la de los 40 años muy significativa para mi” (Hombre, 29 años, estudiante de posgrado).

 

“Siempre me llamó mucho la atención el EZ. Pues desde que me acuerdo, desde que salieron los fusiles de madera, desde que me acuerdo ¿no? Desde la prepa me dedicaba yo como a leer sobre las guerrillas en México, sobre Lucio y sobre Genaro. Me impactó mucho que fue una guerrilla indígena. En México siempre traté como de seguir, hacía pero nunca me articulé, nunca, ni siquiera tal cual en la otra campaña, pero siempre fui dentro del sector simpatizante de la luchas indígenas” (Hombre, 29 años, estudiante de posgrado).

 

Lejanía del sistema político formal

     En los relatos de nuestros informantes hay un descrédito del sistema político formal asociado a los partidos políticos, procesos electorales y los políticos y gobernantes. Identifican claramente momentos clave del pasado reciente de nuestro país, en donde las elecciones han estado bajo sospecha de fraude y ciertos partidos y candidatos no han logrado nunca acceder a la victoria en procesos electorales federales. Así pues, la cultura de la tranza, la corrupción y la dificultad para encontrar formas de participación que tenga incidencia real en una transformación del país, ha provocado en varios informantes, un descrédito y lejanía de esta política partidista en la que políticos y gobernantes no les han interpelado a través de un discurso en el que se sientan representados.

 

“Creo que el modelo político partidista, se agotó desde hace mucho. Yo creo que se agotó desde el fraude electoral del 88 con Cárdenas, el modelo político mexicano se cierra totalmente, absolutamente, hasta que la derecha en la izquierda, hasta que la izquierda dentro de la derecha, que son los partidos políticos, tuviera un lugar ¿no? Hasta el reformismo le cerraron las puertas con Cárdenas, más con López Obrador. Entonces está agotado ese modelo de participación política que tiene que ver con lo electorero, con los votos y así” (Hombre, 29 años, estudiante de posgrado).

 

“Los partidos políticos actualmente en México (...) en ninguno me parece que puedas confiar. (...) Yo sí creo que la estructura sí está sumamente podrida” (Mujer, 23 años, estudiante de posgrado).

 

“Pues que son una gran decepción más con la historia política del país, realmente creo que los partidos políticos al estar en este sistema partidista, no hacen más que enquistarse en el poder y hacer negocios entre ellos, realmente no les veo una esperanza para que ahí pueda haber la transformación que necesita México, estoy como realmente decepcionado” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

     Identificamos en sus relatos una cierta actitud generacional de recelo hacia la política partidista, producto de la cultura política en la que han crecido. A lo largo de su vida han constatado procesos electorales bajo sospecha de corrupción y fraude. Eso ha provocado que se sientan lejanos del discurso institucional, de candidatos y de partidos, que se acercan a ellos como botín electorero, pero que no han conectado significativamente en términos de cambio o de incidencia y transformación social.

 

“Pues realmente creo que los partidos políticos al estar en este sistema partidista, no hacen más que enquistarse en el poder y hacer negocios entre ellos” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

“Nunca he confiando en partidos políticos” (Hombre, 29 años, estudiante de posgrado).

 

Interés en la política

 

     No obstante esta postura crítica respecto del sistema político partidista, varios relatos coinciden en la preocupación por la realidad del país, por una cierta sensibilidad social, que pueden ser entendidos como un interés por lo político más allá del sistema formal del que se sienten alejados. Igualmente, coinciden en el reconocimiento del papel que la universidad jugó en esta formación política. Así pues, es posible afirmar que es importante el papel que dos instituciones juegan en relación a su cultura política; a saber, la familia y la universidad.

 

 “No es como que fuéramos mentalmente pasivos, creo que puedo hablar por mi y por amigos cercanos, que sé qué sí tenían por lo menos cierto grado de preocupación por cosas que vas viendo en tu país” (Mujer, 25 años, estudiante de comunicación).

 

“Cuando entré a la universidad empecé como a despertar, incluso yo percibo lo que digo, y como actúo, y como pienso, diferente a mi familia, creo que la formación humanística de los jesuitas tiene muchísimo que ver, o sea en lo que leo aquí en la Ibero, en lo que escucho, en la opinión de los compañeros, de los mismos maestros” (Mujer, 24 años, estudiante de comunicación).

 

2) La Generación

 

11-M, el acontecimiento que marca a una generación

 

     Los relatos coinciden en el simbolismo que el 11 de mayo tiene ya en su memoria. El recuerdo de lo que ocurrió ese día tiene un fuerte componente emocional atado a ciertos espacios, al reconocimiento de una cierta identidad colectiva y al momento histórico que les tocó vivir y que reconocen que los marcará generacionalmente. El momento fundante, ocurrido el 11 de mayo en el contexto de la visita del candidato priísta a la Universidad Iberoamericana, contiene elementos de reconocimiento de lugares simbólicos que fueron resignificados en el contexto de la acción colectiva estudiantil. La explanada ya no es no lo que era –espacio habitual, punto de encuentro de estudiantes al salir de clases -, se convierte en espacio político y lugar de reconocimiento de los sujetos que se unen en la repudia al candidato.

 

“Todo el mundo, toda la masa de gente que lo empezó a perseguir por la explanada, ese creo que también fue un momento único así para la vida de cualquiera que hubiera estado ahí y para la universidad, porque la explanada de ser un lugar para chavos fresas o lo que sea se volvió en un grito político muy fuerte muy eufórico y que se sentía una vibra ahí en la explanada que no sabría ni cómo describirla pero yo sentí que ese día como comunidad universitaria estábamos más unidos que nunca y nos unimos por primera vez para algo en la Ibero y todo el mundo estaba gritando consignas” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

 

     Además, en estos relatos, subyacen las mediaciones tecnocomunicativas que permearon ciertas formas organizativas y de acción colectiva. La Web 2.0, espacio natural de encuentro para los jóvenes, se convierte en herramienta de organización para la participación política. Pero aparece no como algo ajeno, sino como elemento constitutivo de la acción política juvenil.

 

“Pues lo de Peña fue el viernes y había estado en todas las noticias y se creó un grupo en Facebook… a mi me escribió un compañero y me dijo “oye ¿supiste lo que pasó en la Ibero?” y me dijo “¿qué opinas?” y le dije que estaba muy en desacuerdo porque yo conocí a los que se estaban manifestando y pues la gran mayoría que yo veo ahí, todavía en las fotos, son gente de mi generación, una generación abajo de la mía, entonces yo sí los conocía y se me hizo muy terrible que los hayan llamado porros y acarreados, entonces me dijo “oye, se está creando un video, te mando el texto y si quieres pues grábalo y envíalo antes de tal fecha” y dije “oye pero yo no estuve en las protestas”, me dijo “no importa si tú estás solidarizándote y sabes lo que pasó, pues envía el video”, y pues recuerdo que dejé pasar el primer día, al segundo día vi que había muchos comentarios en Facebook de gente que estaba comentando al respecto y dije pues sí, sí lo voy a grabar, y se me hacía algo como, pues algo para desmentir lo que estaban diciendo, que se me hacia realmente una jalada ¿no?, entonces se me hizo como una buena manera de participar” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

“El domingo es cuando a mi me llega la invitación por parte de un amigo de comunicación que se llamaba “video por la verdad” el grupo y ahí fue donde empezamos a organizarnos por parte de Rodrigo, Ana y Mono (no recuerdo su nombre) para hacer un guión y que mandara la gente su video con su nombre y credencial en mano para hacer un video, porque por la mañana vimos un video de control de daños de Peña Nieto, en el que sale este tipo del  jardín de los lobos hablando a favor del candidato haciendo un control de daño hipócritas, sin el mínimo de tacto,  muy asqueante” (Hombre, 23 años, estudiante de diseño gráfico).

 

     Coinciden en lo sorpresivo del evento. Aunque había habido organización previa, no imaginaban un acontecimiento así en una universidad que no tenía antecedentes de movilizaciones estudiantiles previas. Una comunidad de jóvenes provenientes de clases medias altas que no suele involucrarse colectivamente en asuntos de interés político. Por eso la sorpresa para los propios alumnos, reconocerse en el campus, unidos bajo una misma consigna, formando parte de algo –un sentimiento- que les hace sentir que pertenecen a una misma institución (la Ibero), con una misma condición (jóvenes) y una cierta coincidencia ideológica (de aversión al candidato priísta).

 

“Fue algo sorpresivo para mí, fue algo que no me esperaba dentro de  la universidad” (Hombre, 23 años, estudiante de diseño gráfico).

 

“Y de repente me acuerdo muchísimo que volteé y la escalera estaba llena, en ese momento me dio muchísima alegría me acuerdo, y que hasta el puente y hacia el estacionamiento todo estaba lleno; me acuerdo que volteé al puente y en medio de muchísimos alumnos estaba el rector ahí parado viendo”  (Mujer, 25 años, estudiante de comunicación).

 

“Sí, nos sentíamos fuertes, a lo mejor en el fondo sabíamos que no íbamos a lograrlo y lograr que Enrique Peña no llegara a la presidencia pero sí sentíamos en ese momento que teníamos un poder sino sobre humano sí de fuerza de jóvenes; pues no sé de convocatoria, de  capital mediático y todo eso, sí era bastante fuerte” (Hombre, 23 años, estudiante de diseño gráfico).

 

Conexión generacional

 

     A partir del 11 de mayo, varios de nuestros informantes entienden la importancia del momento histórico que les está tocando vivir. Asumen el protagonismo que están teniendo en ese momento y se organizan. Es posible identificar en sus relatos esa conexión generacional que se hace visible en las semanas posteriores y que toma forma en las distintas formas de acción colectiva: marchas, creación de consignas, organización con estudiantes de otras universidades, foros de discusión.

 

“Cuando anunciaron lo de la marcha a Televisa se me hizo como bien importante asistir” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

     Es visible el empoderamiento que el movimiento tuvo en las semanas siguientes al 11-M. Ejemplo de ello es la rápida visibilización que se dio en el espacio público con las marchas del 18 (con destino a Televisa Santa Fe) y 23 de mayo (la Estela de Luz), así como la entrevista que conceden a uno de los principales noticieros de Televisa dos semanas después. A partir de ahí, son tema de agenda en los principales medios de comunicación, tanto de la prensa escrita como de los informativos televisivos. Para muchos de ellos son éstas sus primeras experiencias de participación política. En sus relatos, reconocen la importancia de estar como generación en el momento justo, con la energía y con la alegría, con el conocimiento, con la rebeldía y el agenciamiento que deviene en formas de participación juvenil sin precedentes en la historia del país en los últimos años. Desde el movimiento estudiantil del 68 no se veía en las calles a estudiantes de distintas instituciones superiores movilizados conjuntamente.

 

“Del 18 de mayo al 1 de diciembre creo que el empoderamiento dentro de mi mismo, dentro de los estudiantes sigue, ¿no?, pero la forma de expresarlo es diferente, de alguna manera era como muy alegre, con sonrisas” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

     Rápidamente ocurrió que el pequeño grupo de estudiantes de la Ibero se vio rebasado. Ya no era más una movilización de un grupo de alumnos de una universidad privada. El #YoSoy132 los rebasó en la importante movilización del 23 de mayo de 2012, cuando llegan al emblemático monumento de la Estela de Luz en una de las avenidas más importantes del país, el Paseo de la Reforma. Ahí ya son miles quienes se aglutinan en el hashtag que los nombra y que llenó esas semanas las calles y las redes. Ahí el movimiento se desborda y rebasa los objetivos iniciales de la reivindicación estudiantil frente a un político. Este momento coincide con la incorporación de estudiantes no sólo del DF, sino de muchos estados del país. Las movilizaciones se multiplicaron en varias ciudades y las asambleas del movimiento tuvieron lugar en Ciudad Universitaria. Resultado de estos foros de discusión que ahí se llevaron a cabo surgen agendas, grupos de trabajo y distintos documentos que dan cuenta de la fragmentación de líneas de acción y de objetivos.

 

“Después ya se concuerda esa cita en la estela de luz y se da el pronunciamiento pero también continuaron las sorpresas, de repente nosotros esperábamos otra vez las 400 500 personas de repente éramos 1000 y de repente éramos 2000 y de repente 3000 y de repente se nos salió de las manos todo” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

 

3) Mediaciones tecnocomunicativas

 

     La mediación tecnocomunicativa es un concepto retomado de Martín-Barbero (2009), quien sostiene que “el lugar de la cultura en la sociedad cambia cuando la mediación tecnológica de la comunicación deja de ser meramente instrumental para espesarse, densificarse y convertirse en estructural” (p. 24). El papel que los artefactos tecnológicos tienen en la sociedad, son constitutivos de la vida contemporánea. Interesa para remitirnos a nuevos modos de percepción, lenguaje, sensibilidades y escrituras (Martín-Barbero, 2002) que hoy se plasman en movimientos como el que aquí se analiza. De ahí que en este trabajo aparezca como una categoría transversal a las novedosas formas de participación política que tienen a los jóvenes como protagonistas en todo el mundo.

 

Para efectos analíticos, son desagregadas para dar cuenta del papel que en el relato de nuestros jóvenes informantes tuvo este agenciamiento y el valor simbólico que tuvo en sus formas de organización y producción de contenidos que dieron como resultado, como se ha comentado en líneas anteriores, una rápida visibilización de su protesta en el espacio público.

 

Procesos de visibilización y tecnología

 

     Hay un reconocimiento del acceso y apropiación tecnológica con la que ellos cuentan como jóvenes universitarios y de su propia condición como actores privilegiados. La adscripción institucional permitió acreditar su pertenencia a través de un documento (la credencial) y los protocolos de seguridad que impiden el acceso al campus a personas ajenas a la universidad. Utilizaron estos mecanismos para mostrar su condición identitaria como estudiante de la Ibero. La repercusión que tuvo en términos de opinión pública fue favorable debido a que no suelen ser los protagonistas habituales de las distintas movilizaciones sociales que cotidianamente se dan en la Ciudad de México. Si hicieron visibles en las redes a través de la viralización del video 131 alumnos de la Ibero responden y se colocaron como sujetos portadores de un discurso propio.

 

“Además de que sólo nos hicieron caso porque somos alumnos de la Ibero, si hubiéramos sido alumnos de la UNAM no nos hubieran pelado, hubieran dicho “ay, otra vez esos porros de la UNAM”, “otra vez esa gente del Poli”, pero como era gente de la Ibero, la gente no se lo esperaba entonces por eso causó tanto impacto y por eso también fue tan popular se podría decir, bueno eso  más ese sentimiento de repente ya tenía 50 000 tweets y de repente llegaba a las 80 000 y de repente era trending topic mundial y pues órale” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

 

     Así pues, hay tres condiciones que facilitaron su visibilización: una alfabetidad tecnológica, una cierta formación educativa y una pertenencia institucional que los respaldaba. Mostraron un despliegue de acciones en las redes y en las calles que provocaron conjuntamente un efecto de amplificación de sus reivindicaciones en el espacio público.

 

“Todos tienen un megáfono llamado “Internet” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

                  

“Es un parteaguas excepcional las redes sociales, es como estar en mil lugares al mismo tiempo, llegar a tres millones de personas en un segundo, yo las considero una herramienta excepcional para hacer política, para comunicar, o sea tú ya tienes voz, antes llegabas al grupito de tus amigos, pero ahora puedes hacer llegar tu mensaje a un millón de personas en un segundo, también es algo importantísimo y yo creo que por aquí es el nuevo canal para hacer periodismo y todo esto de información y comunicación” (Hombre, 23 años, estudiante de diseño gráfico).

 

     El uso intensivo de las redes sociales se da de manera natural en sus formas de organización y difusión. Los relatos están impregnados de un conocimiento y familiaridad de este espacio digital que no se contrapone al espacio físico, pero que sí complementa muy bien ese espacio público ensanchado (Thompson, 1998) que les permitió ganar visibilidad y empoderamiento en muy corto tiempo.

 

                 “Y es importante mencionar que mientras pasaba todo esto, siempre estábamos como grabando y checando Twitter, también checábamos mucho Twitter porque ahí estaban reportando  cosas que no lográbamos ver, yo estaba con Fer, grababa un montón y en ese momento lo subía, por ejemplo en el Twitter mandábamos tweets a algunos periodistas independientes, así de “oye en la Ibero está pasando tal” y nos preguntaban cosas y respondíamos cosas así” (Mujer, 23 años, estudiante de comunicación).

                  

                 “Me habló y me dijo: “tenemos que hacer algo… tenemos que hacer algo” y abrió un mensajito de Facebook con muchas personas, diciendo: “¿qué hacemos? ¿qué hacemos? ¡tenemos que hacer algo gente!” y ellos como: ay, es que qué hacemos… y nadie proponía nada… me dijo, hay que hacer un video, un video que tenga nombres, un video con matrículas y lo subimos a Youtube” (Mujer, 24 años, estudiante de comunicación).

 

     A pesar de su conocimiento en el manejo de redes sociales y producción de contenidos en la Web 2.0, no lograban imaginar inicialmente el impacto que llegarían a tener y la empatía que lograron obtener entre grandes sectores sociales en los días posteriores. La sorpresa ocurre cuando se percatan de las posibilidades reales que tienen de hacerse escuchar. El vértigo inicial se corresponde con la afectividad desplegada en su acción colectiva y el reconocimiento con el otro que se iba dando on y off line.

 

             “Entonces todo mundo estaba subiendo las fotos y platicando que es lo que sucedía en tiempo real y pues bueno esa fue también otra sorpresa, a la que yo me refería que yo pensé que íbamos a ser mis cuates y yo con la pancarta y ese mismo día se accionó algo, se accionó algo, que en donde reaccionamos la gran, gran, gran mayoría” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación)

 

     Entienden a Internet como un campo de batalla. Es importante, dado que reconocen el importante espacio que representa en términos de información, organización y expresión. Es un espacio que han ocupado y que no están dispuestos a perder. Esto conecta con el espíritu de esta generación de jóvenes  que han crecido con una ética posmoderna de la Red (Feixa, 2013), presente en los movimientos globales de los últimos años.

 

                  “Internet yo lo veo como un campo de batalla que no hay que perder, porque ese campo de batalla podemos tomarlo y crear un espacio de autonomía. Entonces tenemos que defenderlo como territorio en disputa” (Hombre, 29 años, estudiante de Maestría).

                  

“Pues son herramientas que nos han servido mucho para contrarrestar un poco el cerco mediático y la versión oficial que dan. Por ejemplo, el 11 de mayo no hubiera sido tal sino hubiera sido por las redes sociales (...) pero sí son una herramienta importarte para organizarnos, para crear discursos, para emplazar al poder, para crear nuevos lenguajes” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación)

 

Repertorio de acciones posteriores al 11-M

 

     Se identifican dos grandes momentos posteriores al 11 de mayo de 2012: por un lado, los meses previos a las elecciones, marcados por la alegría y el entusiasmo; y, por otro, el de los meses posteriores, marcados por la fragmentación, los cuestionamientos, el enojo y el miedo. La afectividad y las emociones marcaron las movilizaciones de mayo, que se intensificaron conforme el empoderamiento de los jóvenes se iba haciendo cada vez más patente. Se sabían fuertes, aglutinados en torno al movimiento y se sentían parte importante del momento que estaban viviendo. Todo era vértigo, euforia y alegría.

 

“Creo que fue mucha alegría por una parte y también como sentirse lo suficientemente con el poder de incidir en lo que podría pasar en el país y nada más ese sentimiento de tener el poder y poder decidir, era muy emocionante ¿no?” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

     La fragmentación y la sensación de cierre de ciclo siguió durante las semanas de las asambleas, largas, multitudinarias. Los relatos de nuestros informantes se impregnan de revisión crítica del papel que asumieron ahí. Coincide con el fin del momento fundante inicial, caracterizado por la euforia, y con la etapa del movimiento a nivel nacional del #YoSoy132 más allá de los 131 alumnos de la Ibero del video inicial, impregnado de reflexión crítica, más racional y, por tanto, más heterogéneo. Llegaron las preguntas y el cuestionamiento por las vías de seguirse involucrando en estas nuevas formas de organización a las que no estaban acostumbrados y que los confrontaban con otras visiones de la realidad.

 

“Sí, en las islas de CU fue cuando se llegó a cerrar el ciclo,  de repente es muy difícil, igual en un enemigo en común que era Peña Nieto, entonces por ende debíamos ser anti-peña, entonces de repente ahí salían unas cosas de “hay que ser anti-capitalista” y “hay que ser anti-neoliberalistas”, entonces empezaron a salir diferencias ideológicas. Nosotros como 131 dijimos: sí, ok, tal vez fuimos el mito fundacional de esta generación, pero no compartimos ciertas ideologías o ciertas ramas de pensamiento” (Mujer, 24 años, estudiante de comunicación).

 

    El miedo llegó el primero de diciembre con la toma de la presidencia por parte de Peña Nieto. El #1Dmx constituyó un punto de inflexión. El ambiente festivo que permeó la primera mitad de 2012 cambió por la represión, la persecución y la consecuente criminalización de los jóvenes que a partir de esa fecha estableció el discurso oficial. Esta generación de jóvenes integrantes del #YoSoy132 conoció el miedo en carne propia y la narrativa de las movilizaciones cambió. Eso ha sido importante en término de sus biografías. Constituye en sí mismo un acontecimiento que los marca generacionalmente, dado que no habían experimentado antes la represión policial.

 

“(...) el primero de diciembre cuando Peña Nieto tomó posesión, ese fue un momento, bueno yo estaba ahí en la calle, estaba fuera de  San Lázaro, del palacio legislativo y hubo muchos actos de violencia que yo nunca me imaginé que se hubieran podido suscitar en la Ciudad de México, sobre todo porque nosotros estamos acostumbrados a marchar de manera muy pacífica y que no pasaba de que había policías de tránsito dándonos el paso, pero ver granaderos y policías federales aventándote gas lacrimógeno, cuando tú no estabas actuando con violencia y cuando te estaban replegando, incluso te estaban acordonando,  me dio muchísimo miedo” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

 

“Y me acuerdo que ese día me levanté, fui bien temprano, eran las 7 de la mañana y ya yo estaba en el metro, el metro se tardó muchísimo en pasar, supongo que tenía que ver con que querían evitar que la gente llegara y aproximadamente a las 9 en punto, íbamos llegando frente al congreso y a partir de ahí fue correr para todos lados. Nos tocó a muchos compañeros de 131 ver caer a Kuy, la persona que murió posteriormente, un año después, por las heridas de una bala de goma de un policía federal y me acuerdo que ese fue el segundo momento más como, híjole, donde más he temido a un policía, y donde más le he temido a ser detenido (...) ahí fue cuando más miedo tuve” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

     La criminalización de la protesta inicia ese primero de diciembre de 2012. El sujeto joven aparece en la mira de las autoridades y las acciones que reciben atención mediática durante todo 2013 se instalarán, a partir de ese momento, en las narrativas de la violencia y la radicalización de la protesta.

 

4) Construcción de ciudadanía

 

El largo plazo

 

     Dice Castells (2012) que los movimientos sociales se juegan en el largo plazo, por lo cual es poco útil medirlos en términos de efectividad política, al exigirles incidencia en el corto plazo de las elecciones o la opinión pública. Se incide en un cambio de paradigma, de valores, en un clima de opinión más amplio, posicionando temas centrales y, sobre todo, en un nivel más sutil, pero no por ello menos importante, en la construcción de ciudadanía de los sujetos que en él hayan participado. Es decir, en los tiempos largos de la historia (Wolton, 1998). Y el #YoSoy132 ha sido un punto de inflexión en las biografías de sus miembros. Ellos mismos reconocen el papel que este movimiento ha jugado en la construcción de su cultura política, que ellos nombran como su forma de ver el mundo, el saberse marcados por un antes y un después. Más allá del movimiento, reconocen que lo hay ahora son redes de colaboración en red, proyectos en conjunto y una estructura de pensamiento que cambió en cada uno de ellos.

 

“Me cambio la forma de ver todo; empecé a conocer otras ideologías, otras formas de pensar” (Hombre, 23 años, estudiante de diseño gráfico).

 

“Para mí el movimiento ya se acabó. Ya no hay movimiento como tal, lo que se quedó fue una estructura de trabajo y de conocidos a nivel nacional, que eso sí es algo muy importante” (Hombre, 24 años, estudiante de comunicación).

 

“Entonces ahí es donde ya vemos, o sea esto fue un regadero de semillas y que así como te puedo dar tantos nombres (...) toda esta gente es parte de este proceso desde el inicio, somos muchos y seguimos siendo muchos” (Hombre, 25 años, estudiante de ciencias políticas).

 

     Hay distintos proyectos en los que siguen involucrados, formas de participación política e incidencia social a través del arte y la estética, medios de comunicación alternativos que hablan de su preocupación por la información y por la construcción de medios ciudadanos que sigan ofreciendo otras formas de comprensión del mundo y de contar los hechos que ocurren, al margen del manejo informativo hegemónico que ejercen las grandes televisoras en nuestro país. La preocupación por la democratización de la información y los medios de comunicación sigue estando presente en estas acciones disgregadas ya no del movimiento, sino de la red de grupos y colectivos que conforman un repertorio de acciones colectivas que pueden irse inventariando de 2012 a la fecha.

 

“Sí, más de 131 sigue activo, ahora somos un colectivo y también somos un medio de comunicación que está tratando de hacer las cosas diferentes y que aprendió mucho del movimiento de medios libres que hemos conocido” (Hombre, 25 años, estudiante de comunicación).

 

Conclusiones

 

     El impacto que el #YoSoy132 ha tenido en los jóvenes protagonistas del Masde131, estudiantes de la Ibero, ha sido particularmente significativo. Se ha podido identificar a través de sus relatos las formas en que este movimiento los ha marcado generacionalmente y en el que se han formado políticamente. Muchos jóvenes de esta generación no eran apáticos y desinteresados, como muchas encuestas han señalado desde hace varios años (GCE, 2012; IMJUVE, 2005, 2010), pero sí estaban distanciados del sistema político y el sistema de partidos en México. Como bien señala Rossana Reguillo (2012), estos jóvenes nunca estuvieron ausentes, nunca apáticos, nunca callados. Nacieron con los resabios de régimen de partido de Estado y crecieron con los gobiernos panistas de la primera década del siglo. Han estado expuestos a experiencias reiteradas de disputas, sospechas fundadas de robos y fraudes políticos (fin del priísmo, desilusión de los gobiernos panistas, campañas electorales negativas, etc.). Pero también han visto otras formas de participación y organización política con las que simpatizan (EZLN, Movimiento por la Paz, etc.) y en las que perciben la posibilidad de participar desde otro lugar para incidir en la transformación social. Ha sido clave entonces, para esta generación, haber sido socializados en el contexto de la cultura política muy peculiar del caso mexicano, que durante décadas se caracterizó por aquello que muy bien describiera Vargas Llosa como la “dictadura perfecta”. Han vivido los últimos años del sistema autoritario del PRI (que ahora deberíamos nombrar como el “viejo PRI”, sólo para diferenciarlo del peñanietismo que estamos viviendo desde hace tres años y que implica el regreso de ese partido al poder) y los primeros quince años de este sistema post autoritario. Por otro lado, han visto durante estos años también la emergencia de movilizaciones ciudadanas globales que tienen como característica peculiar el uso intensivo de la tecnología (Internet, blogs y ahora Web 2.0). Así pues, las mediaciones tecnopolíticas aparecen como elemento constitutivo de sus prácticas (organización, información y visibilización) que despliegan en los espacios en que se mueven (físico y digital). Entienden que las disputas por el poder se libran hoy en ambos espacios. Se reconocen como parte privilegiada de la sociedad (educación universitaria y acceso a la tecnología) y entienden que el asunto de la comunicación e información son centrales para construir la democracia.

 

     Se corrabora la hipótesis de Aguilera (2010) del cambio generacional en los modos de concebir y ejercer la política por parte de los jóvenes contemporáneos que, por lo menos en el caso de los alumnos de la Ibero que participaron en el #YoSoy132, fue visible en el despliegue de acciones que protagonizaron durante el 2012. Los relatos de los informantes corroboran también el valor simbólico que estas acciones tuvieron en su biografía y en la conexión generacional que caracterizó su movimiento. Es en el largo plazo de la historia y la política en donde se verán reflejados los cambios que están teniendo lugar, y lo estarán teniendo en los próximos años, en los jóvenes ciudadanos informados, con motivaciones para la acción política y conectados. Por supuesto, lo que hay ya son redes de jóvenes que saben cómo organizarse y hacerse escuchar. Habrá que gestionar esta contradicción de la comunicación política de la que hablaba Wolton (1998) desde hace ya tiempo: “el objetivo de la comunicación política es (...) el dominio de la interpretación política de los sucesos en una perspectiva de poder, es decir, de acción. Pero la política exige tiempo, ese tiempo que cada vez está en mayor contradicción con la lógica de la instantaneidad vinculada con el triunfo de la información y las mediciones de opinión. Lo que está en juego entonces no es sólo el dominio del discurso político, sino también una representación del tiempo” (p. 129). Ahí, en el largo plazo se podrá calibrar el peso que el #YoSoy132 tuvo, en el repertorio de acción colectiva que siga desplegando esta generación y la incidencia que pueda generarse en torno a ciertos temas y formas organizativas de participación ciudadana.


 

 


 

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[1] Académica de tiempo completo del Departamento de Comunicación, Universidad Iberoamericana, MÉXICO maricela.portillo@ibero.mx

[2] La investigación referida se titula “Juventud, tecnologías y movimientos sociales: disputas por la visibilidad en el espacio público. Estudios de caso en México y Chile”. Proyecto de Cooperación Bilateral México (CONACYT)-Chile(CONICIT), 2013-2014. Además recibe financiamiento del IIDSES- Universidad Iberoamericana, 2013-2015.

[3] Este foro, llamado “El Buen Ciudadano”, fue organizado por el Consejo de Presidentes de Sociedades de Alumnos (Copsa), la Asociación de Egresados, y el Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Iberoamericana y se planteaba como meta promover la participación activa y consciente de la comunidad estudiantil, así como de los académicos y trabajadores de la Universidad Iberoamericana, de cara a los comicios electorales federales de 2012. La etapa final del foro incluyó la visita de los candidatos presidenciales a esa Universidad. Ese encuentro fue coordinado por una comisión creada por el ex rector, José Morales Orozco, S.J.

[4] Disponible en: https://www.google.com.mx/?gfe_rd=cr&ei=r1DKVZHVE-rS8gHEsKLYCw&gws_rd=ssl#q=131+alumnos+de+la+ibero+responden

 

[5] La movilización del #YoSoy132 en México fue nombrada por algunos periodistas e intelectuales como la Primavera mexicana, en alusión a la Primavera Árabe. El paralelismo gira en torno a cierto tipo de movilización social protagonizada por jóvenes, aunque obviamente los contextos son diferentes así como  la naturaleza de la acción colectiva en ambos casos.

[6] De hecho, la investigación ha recibido financiamiento por parte del IIDSES-Ibero para proseguir en esta segunda fase de investigación. El proyecto intenta analizar ahora las formas en que se siguen articulando los participantes del colectivo Masde131 en las distintas movilizaciones a propósito de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa durante octubre-noviembre de 2014 y durante todo 2015. Adicionalmente, se analizará la incorporación de jóvenes provenientes de la Prepa Ibero a estas movilizaciones para constatar el efecto que el Movimiento #YoSoy132 tuvo en el repertorio de acciones colectivas que están teniendo lugar posteriormente a 2012 y que dan cuenta de una conexión generacional y de una cierta cultura política que impactará en términos de construcción de ciudadanía en esta generación.